Las hojas caen también de los árboles en otoño en Roma y el cielo se cubre de colores al atardecer, pero es difícil percatarse de ello ante tanta belleza. La ciudad eterna lo es porque nunca se termina de ver. Hace ahora diez años la visité por primera vez y, como toda primera vez, lo hice con entusiasmo y con prisas, queriendo recorrer cada milímetro y acabando extasiada. Ahora, con esa experiencia previa, me he limitado a disfrutarla. Y disfrutar Roma es ver cómo el suelo está cubierto de hojas en otoño, callejear sin rumbo fijo, olvidarse el mapa en el hotel e ir encontrando sus tesoros por las esquinas.

Alojarse en el Trastevere y cenar en terrazas decoradas con guirnaldas de luces. Beberse un vino de la Toscana -todavía lo saboreo- y observar el morro que tienen los camareros (los italianos no ligan porque sean especialmente atractivos, si no porque tienen un morro que se lo pisan). Llegar a la mágica Piazza Navona y eso que la primera parada iba a ser el Colisseo (es lo que tiene dejarse el mapa en el hotel). Entrar y empezar a escuchar los acordes de los músicos callejeros, tomarse un Spritz en una terraza y que, entre música italiana, toquen «Mr. Tambourine» de Bob Dylan. Maravilla.

Lo siento, tengo que decirlo. El culo de la estatua de una de las fuentes de esta Piazza es el mejor culo masculino esculpido sobre piedra de la historia. Y no lo digo yo sola. Observad, ragazzas, observad.

Piazza-Navona

Volver a entrar al Panteón, desear que empiece a llover y que caigan sobre una las gotas de agua a través del agujero de la cúpula. O esperar al mediodía a que los rayos de luz entren y se proyecten sobre el eje del portal. Caerse rota al ver de nuevo La Fontana de Trevi. Enmudecer. Magia pura. Y momentos que ya forman parte de la memoria de una.

Ponerse de pizza hasta arriba. De espaguetis y de gnocchis. De helados. De café con schiuma. Y de vino de la Toscana. ¿Eso ya lo había dicho, no?

Disfrutar, dejarse el mapa en el hotel y no mirar el aeropuerto de salida hasta llegar a Fiumicino. Entonces darse cuenta de que era Ciampino. El resto de la historia quizá ocupe algún día parte de otro post. Buona sera, Roma. Presto.

 

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